miércoles, 27 de enero de 2021

Dia 27: Caballos


Por Sina de la Fiol

Escuché los caballos, nunca me había sentido más feliz de sentir las herraduras chocando en los adoquines. Se notó que él también los sintió porque de inmediato se levantó de la cama y se asomó por la ventana. -Rayos- Pude escuchar que espetaba mientras se colocaba pantalones y se acercaba a abrir la puerta central -Caballeros, ¿en qué puedo ayudarlos? – comencé a mover mis manos intentando zafarme de la silla, pero era inútil…como pude comencé a acercarme a la cama para intentar desamarrar a la señorita cuando los escuché, eran ellos, Eduardo y el Capitán – Sabemos que están acá, no venimos a rescatarlas, venimos a unirnos a ti. No creo que hayan muchas mujeres disponibles y podemos hacer turnos- No podía creerlo, seguí avanzando, desesperada por lo que se veía. – Tranquilo, nos iremos ahora, sólo queríamos que consideraras compartir- Escuché como se cerraba la puerta nuevamente y cómo los caballos se alejaban nuevamente. En mi desesperación por llegar a Agatha mi silla trastabilló haciéndome caer. Mi cabeza golpeó de costado contra el suelo. Lo sentí correr, subir la escalera desesperado – No, no, no- Con una fuerza tremenda agarró la silla y la puso derecha – Ya llegará tu turno, me gusta que estés ansiosa – Su mano acarició su entrepierna- Pero voy a comenzar por el plato fuerte, ya sabes que uno pocas veces tiene la oportunidad de tirarse a los de su clase – Las lágrimas comenzaron a humedecer mis mejillas. Lo veía acercarse a la señorita, me sentía inútil. De pronto los vi, en la puerta asomados como una silueta fantasmagórica. Fui a gritar, pero me hicieron un gesto que interpreté como ayuda, por lo mismo decidí distraerlo para que no los viera – Eres asqueroso, nunca nadie puso sus ojos en ti y ahora no es la excepción, lo harás con una mujer inconsciente porque sabes que te despreciaría si estuviera despierta- Lo había conseguido, se acercó rápidamente a mi y me abofeteó tan fuerte que mi oído se taponeó. Iba a golpearme por segunda vez cuando el Capitán tomó si mano impidiéndole el camino. Lo giró para enterrarle de frente una daga. Eduardo se me acercó y comenzó a desamarrarme, en cuanto estuve libre lo abracé. El capitán fue a revisar a la señorita que seguía inconsciente. En cuanto a Raúl, mientras agonizaba en el suelo no dejó de repetir la palabra madre

-Eduardo, ayúdame a sacar a este rufián de acá- El chico asintió y tras envolverlo en un edredón lo sacaron de la habitación. Me acerqué a Agatha quien seguía en un apacible sueño. Vi la mancha en el suelo y pensé en limpiarla, saqué la funda de una almohada y comencé a tallar el piso, no quería que viera la mancha de sangre cuando despertara. De pronto sentí otras manos tras de mí, eran las de Eduardo quien tiernamente me levantó -Deja eso…cambiaremos a la señorita Martínez a otra habitación y esta la cerraremos…deja eso, no tienes que limpiar- Lo que sucedió a continuación sigue confuso, recuerdo que me levantó en brazos, recuerdo que me cobijó en una cama y lo recuerdo en un sillón, cantando una canción de cuna y recuerdo haber llorado hasta dormirme…


Continuará

 

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