martes, 12 de enero de 2021

Día 12: Fantasmas

 


Por Sina de la Fiol

Llevaba la bandeja al patio, nuevamente estaba el señorito Valenzuela con su amigo Bernal estaban tomando whisky en la pequeña pérgola que adornaba los jardines. La tarde estaba avanzando y cada vez se veía menos, pero sus siluetas se reconocían a la distancia, abrazados, compartiendo de seguro la feliz noticia del nuevo embarazo. Dejé las copas y comencé a alejarme cuando vi una figura fantasmagórica. Una dama entera de blanco, agazapada en las sombras, sollozaba. Sentí cómo me petrificaba, quise hablar, pero no salió ninguna palabra de mi boca. Sentía como en mis brazos se erizaban los vellos y un escalofrío paseó por mi espina dorsal. Sus ojos se fijaron en los míos, podía ver el brillo del llanto y poco a poco, mientras se acercaba a mí, pude reconocerla. Era la señorita Elena quien al verme me abrazó entre lágrimas. La llevé dentro y ofrecí dejarla en sus aposentos pero se negó, terminó acompañándome a la cocina en donde le preparé un té de manzanilla endulzado con miel como me habían enseñado pa alejar la pena. La señorita lo bebió y poco a poco los sollozos ahogados fueron más intermitentes hasta terminar. -Bernal me engaña- Soltó de repente, con la mirada perdida, como si se lo estuviera diciendo a si misma – Lo sospechaba, costó consumar nuestro matrimonio y la cercanía en el dormitorio era muy poco habitual, cuando le dije a mi madre me dijo que debería estar agradecida de que no me buscara a todas horas como le había sucedido a ella- Un sorbo de té humedeció nuevamente sus labios y continuó – Pero yo soñaba con tener hijos y sabía que si no nos reuníamos no lo podría conseguir. Pensaba…pensaba que si teníamos un hijo terminaría cualquier relación extramarital que tuviera por nuestra familia- Miraba la taza, la suave loza blanca estaba vacía. No quería interrumpir su relato, no porque quisiera saber lo que iba a decir. Todos en la casa sabían de la clase de amoríos que tenía el señorito. – Pero no fue así, hoy todo es claro para mi…Valenzuela es quien lo anima al pecado – Oh por Dios, lo sabe pensé – Valenzuela lo ayuda a juntarse con ella, Valenzuela le tapa sus salidas diciendo que esta con él- Mi niña, no es así como son las cosas, quise decir, pero no era mi lugar así que me limité a servir una nueva taza. La manzanilla se llevaría la pena, la miel endulzaría la amargura. Su mano comenzó a acariciar su pequeña barriga, muestra del embarazo que llevaba – Pensé que era muy afortunada, Bernal es mucho más rico que yo, es agraciado, es educado y extremadamente respetuoso. Nunca esperé que se fijara en mí, sin embargo, nos casamos hace 3 años – suspiró y con el airé que salió de él la cocina se llenó de melancolía, de añoranza de tiempos mejores. La tomé del brazo, soñolienta, agotada de llanto, como si fuera un alma en pena y la guie suavemente a su habitación, en donde pude cambiarle el camisón, sumisa y obediente se puso uno limpio, sin manchas de tierra o pasto. Limpié sus pies con agua tibia y perfumada con pétalos, los sequé y acomodé sus almohadones. – No me dejes sola- Dijo cuando la terminé de arropar – Siempre que me necesite, estaré aquí- Le respondí mientras me sentaba en un sillón en el que estuve hasta que sentí su pesada respiración con un leve ronquido.

Continuará...

lunes, 11 de enero de 2021

Día 11: Viaje

 


Por Sina de la Fiol

Querida Madre:

 

Se que no querías que hiciera este viaje, se lo asustada que estabas, pero quiero que sepas que estamos bien. Con la señorita Martínez nos hemos adaptado a esta vida en el mar. Es gracioso, cada vez que me lamo los labios siento el sabor de la sal, como cuando intenté ayudar en la cocina y puse demasiada sal en la comida. Mi cabello vive esponjado, debo trenzarlo, justo como a ti te gusta, para que no se entrometa en mi nuevo trabajo. Así es, tengo un nuevo trabajo en donde finalmente no arruino las cosas, algo en lo que de verdad soy buena. Supongo que también te preguntarás si llegaré no sólo con trabajo, sino que con una propuesta de yerno. La respuesta es no. Soy un espíritu libre, más aún ahora que estoy conociendo partes que jamás imaginé. Hemos atracado en un bello paraje al sur de Chile, es todo tan verde, tan hermoso. Los pajaritos cantan a todas horas, sé que te encantaría este lugar. La señorita Agatha dijo que nos tomáramos una fotografía así que te la podré mostrar cuando regrese, aún no entiendo mucho como funciona eso, pero estoy segura que podré aprender en el viaje y explicarte después. Espero que no te esten exigiendo mucho en casa, si tu pecho duele como la otra vez, recuerda descansar. Falta poco para que podamos ahorrar para el artefacto que nos comentaron, ese que ayuda a tu corazón, y con lo que gane acá, será mucho más fácil llegar a la meta.

 

Te amo y extraño más de lo que creía

Siempre tuya

Elisa


domingo, 10 de enero de 2021

Día 10: Alas




 Creación realizada por nuestra bella ilustradora Sita Danna Les invitamos a revisar su maravilloso trabajo y aprovechamos de informar que esta aceptando comisiones en caso de que alguno se anime.


sábado, 9 de enero de 2021

Día 9: Cantina


Por Sina de la Fiol

-Estoy cansado de que nos veamos acá- su voz sonaba casi como un berrinche de infante -Ahora tengo problemas más grandes que si te veo o no- cada jueves era lo mismo, ambos llegaban por separado pero se iban juntos, incluso una vez tuve que ayudar al mayor a meter a su amigo al carruaje que lo había venido a buscar de lo ebrio que había quedado.

-Bebamos nuestros problemas, Cantinero, dos más- Ni siquiera me miró, simplemente espetó la orden. Los tragos llegaron rápido con ellos y el baile de la seducción disimulada comenzó. Pequeñas caricias en las manos, era roces imperceptibles para cualquiera, pero cuando trabajas en este oficio aprendes a ver lo que otros ni siquiera imaginan. -Anímate Valenzuela, estas prometido con una de las chicas más ricas de Valparaíso- Decía su compañero mientras lo animaba a empinar el codo en un nuevo brindis – Tu no te quedas atrás, la vida de casado te sienta bien- Un nuevo toque, esta vez rápido desde el tórax hasta el abdomen, palmeando una pequeña panza, el aludido se sonrojó – Es cierto…la vida de casados trae muchos cambios, y de eso te quería hablar- El tono infantil había quedado atrás, era todo un hombre el que hablaba. De seguro para darse valor tomó el whisky recién servido al seco y me hizo un ademán con la mano para que rellenara los vasos – Elena está embarazada- La bulla de una cantina es siempre alta, gente riendo, golpes en la mesa, incluso de vez en cuando vasos quebrándose, pero en ese instante todo se silenció para mí, esto estaba más interesante de lo que esperaba – Felicidades – Respondió por lo bajo y bebió lo que quedaba del vaso y el nuevo que le había servido – No podemos seguir con esto…- No lo dejó terminar interrumpiéndolo con un gesto de la mano – No digas nada más – la tristeza en los ojos de ese chico era tan obvia que cualquiera que lo viera podía pensar que alguien había muerto para él. De pronto intentó tocar el brazo pero, lo quitó de manera brusca – No me toques, no necesito esto- Valenzuela intentó levantarse pero se tambaleó quedando sentado de nuevo – No seas testarudo, esta es nuestra despedida. ¿De verdad quieres que sea así?- Le estaba rogando con los ojos, le suplicaba que se sentara, que se quedara con él – Bernal, acabas de decir que…acabas de…- El chico comenzó a palmear el hombro de su amigo mientras hablaba – Es lo que deberíamos hacer, ¿no? Cuanto tiempo llevamos con esto, desde los 13 y ya tenemos 21 años. – Una sonrisa leve, de añoranza de tiempos mejores se dibujó en su labio.

-Cantinero, otra cerveza- Me llamaban del extremo opuesto de la barra por lo que tuve que ausentarme de lo que fuera que estaba pasando ahí. A lo lejos veía como ambos volvían a reír y tras una breve pausa Bernal ayudaba a Valenzuela a pararse para que no volviera a trastabillar. Salieron como cada jueves, uno apoyado en el otro, ebrios de algo más que alcohol.

Continuará...


viernes, 8 de enero de 2021

Día 8: Lucha de clases


 Por Cosima Laurens


Estaban molestos. Los comerciantes del puerto rumoreaban frenéticos los dichos de alguien a quién él no conocía. Manuel Infante. El seudónimo de un personaje de quién nunca había escuchado. No mires. No hables. No escuches. Pero era inevitable oír, cuando la palabra libertad se escupía con la ligereza de algo que no significa nada. Tal vez no signifique nada para alguien que nunca la ha perdido, pensó. Libertad, lo único que se le había enseñado, ni siquiera pensar. Pero su boca infantil sonrió.

¿Cómo habían dicho los hombres? ¿Libertad de vientre? Los rumores que él nunca oyó, decían que se proclamaba desde hace años, decenas, de cuando el país era tan joven cómo él. Libertad, Manuel de Salas, Santiaguinos, Miguel Infante. La historia revoloteaba en las palabras que se escurrían en gruesas manchas rojas sobre la espalda de los suyos. Palabras, se dijo, palabras que nunca escuché, nombres que nunca conocí. Pero estaban ahí.  Algo, una presión indescifrable le revolvió el estómago, una presión que amenazaba con salir a través de palabras negras, rojas, muertas.

Pero él no habló, no miró, y fingió que no oía. Recibió el encargo sumiso y corrió. Su amo esperaba esos repuestos con urgencia. La gravilla de las calles tierrosas levantaron polvo mientras corría, no importaba, correr era lo más cercano a huir que conocía. Huir.  

La llegada ruidosa del tren en estación Bellavista le indicó las 12, era tarde y el taller estaba demasiado lejos. Solo por eso estoy corriendo, se convenció. Y avanzó sintiendo el viento salado del puerto en su cara manchada de aceite, con su boca gruesa dibujando una sonrisa difusa. Se detuvo cuando el taller se acercaba. Apretó la bolsa entre sus brazos con fuerza y entró con lentitud. El resto de los niños que pulían con ahínco los cascos metálicos no alzaron la vista para verlo. Niños, todos como él y diferentes. Niños como él, provenientes desde más allá del océano, y niños con sangre de la tierra, que susurraban una lengua extraña por las noches, y adoraban a sus dioses al amanecer. Él no sabía, nunca vio, fingió que no oía.  A lo lejos, su amo observaba los planos del próximo experimento.

Sus pasos ensayados dejaron los repuestos que traía junto con el resto de la mercancía nueva y desvío la vista a los papeles, hacia la estructura alargada sobre la mesa. Él sabía lo que era, los barcos no eran suficientes para mantener seguro Valparaíso, no con las repercusiones de la última guerra contra Nueva España. Su amo trabajaba en algo que podría hundirse bajo las mareas y volar por sobre las nubes. Volar, pensó, quizá él podría unirse al ejercito un día, y ser como el resto de los libertos de la guerra de la Independencia. Son cuentos, se dijo. Hace tanto ya de eso, son un mito, personajes pertenecientes a un susurro nocturno. Ser libre. Poder un día montar sobre las naves de su amo, y convertirse en el capitán de alguno de los vapores del Puerto que ayudó a construir. Libertad. Libertad de vientre. Las palabras y los personajes daban vueltas en su mente, desordenando sus ideas. Tomó las llaves, tuercas y piezas de cobre que se encontraban en el piso, para realizar las labores que se le habían asignado. Ocho años son más que suficiente, se dijo, más que suficiente para unirse a un navío, solo tenía que esperar. Podía sentirlo, un día, un día podría hacerse un nombre más allá del océano.

jueves, 7 de enero de 2021

Día 7: Motemei


Por Sina de la Fiol

- ¿Cómo que esto no ha terminado? - La voz temblorosa delató el temor de la señorita Agatha – El capitán me pidió que viniera a ver como se encontraban ya que estamos a mitad de una gran tormenta y como esta era su primera vez en esta situación pensó que les podía ser de ayuda – El joven venía con la frente perlada en sudor, sus manos estaban ennegrecidas con el carbón, de seguro trabajaba en las calderas – Las manos sucias pero la conciencia tranquila, señorita – Me dijo en tono alegre cuando notó mi mirada en sus manos- Les recomiendo que guarden todas las cosas que se puedan caer, sobre todo de su tocador – Dijo apuntando los cachivaches de la señorita - ¿Necesitan ayuda?- Antes que pudiéramos responder, Agatha corrió al baño en donde la escuchamos vomitar. El muchacho se iba a acercar, pero lo detuve, supuse que la señorita Martínez no querría que la vieran así - ¿Cómo se llama? - Me dijo en un susurro, como si fuera un secreto que me estaba preguntando su nombre, sin saber porqué le contesté en el mismo tono – Señorita Agatha, se que no puede hablar ahora pero escúcheme. De seguro por su casa pasa el Motemei, ¿no? -De pronto sentí que me miraba a mí buscando una respuesta a lo que asentí con la cabeza sin emitir ningún sonido, no sabía a donde nos estaba llevando esta conversación y me sentía incómoda con la presencia del chico – Quiero que piense en el mote, en el calientito mote recién hecho que trae el motemei, quiero que se concentre en eso- Los sonidos del baño comenzaron a amainar y una sonrisa de satisfacción se asomó en la cara del muchacho- Eso, siga pensando en eso- Tomándome del brazo me llevó a un rincón y se me acercó haciendo que retrocediera incómoda – Tranquila, cuando salga del baño acuéstela y deje que una de sus piernas quede colgando de la cama. Moje una toalla de manos, si no tiene un guante funcionará de igual manera y colóquelo en su frente tapando sus ojos, eso funcionará- Antes de salir de la habitación me guiño el ojo. En un par de minutos la señorita salió y seguí los pasos dictados al pie de la letra, en un par de minutos ella ya dormía.

Esa noche soñé con la casa, con los gritos del Motemei y la quietud de tierra firme.

Continuará

 

miércoles, 6 de enero de 2021

Cooperaciones

 Un seguidor de nuestra comunidad, Mr Javieru, quiso aportar en el área de la fotografía su propia visión de este desafío de #Enerpunk y nos ha enviado el siguiente aporte para compartir con todes ustedes.



                                            Día 1: Oxidado


Día 2: La mujer exploradora


Los invitamos a todes a compartir sus expresiones artísticas y aprovechamos de agradecer a Mr Javieru por animarse.


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