Creación realizada por nuestra bella ilustradora Sita Danna Les invitamos a revisar su maravilloso trabajo y aprovechamos de informar que esta aceptando comisiones en caso de que alguno se anime.
domingo, 10 de enero de 2021
Día 10: Alas
Creación realizada por nuestra bella ilustradora Sita Danna Les invitamos a revisar su maravilloso trabajo y aprovechamos de informar que esta aceptando comisiones en caso de que alguno se anime.
sábado, 9 de enero de 2021
Día 9: Cantina
-Estoy cansado de que nos veamos
acá- su voz sonaba casi como un berrinche de infante -Ahora tengo problemas más
grandes que si te veo o no- cada jueves era lo mismo, ambos llegaban por
separado pero se iban juntos, incluso una vez tuve que ayudar al mayor a meter
a su amigo al carruaje que lo había venido a buscar de lo ebrio que había
quedado.
-Bebamos nuestros problemas,
Cantinero, dos más- Ni siquiera me miró, simplemente espetó la orden. Los
tragos llegaron rápido con ellos y el baile de la seducción disimulada comenzó.
Pequeñas caricias en las manos, era roces imperceptibles para cualquiera, pero
cuando trabajas en este oficio aprendes a ver lo que otros ni siquiera
imaginan. -Anímate Valenzuela, estas prometido con una de las chicas más ricas
de Valparaíso- Decía su compañero mientras lo animaba a empinar el codo en un
nuevo brindis – Tu no te quedas atrás, la vida de casado te sienta bien- Un
nuevo toque, esta vez rápido desde el tórax hasta el abdomen, palmeando una
pequeña panza, el aludido se sonrojó – Es cierto…la vida de casados trae muchos
cambios, y de eso te quería hablar- El tono infantil había quedado atrás, era
todo un hombre el que hablaba. De seguro para darse valor tomó el whisky recién
servido al seco y me hizo un ademán con la mano para que rellenara los vasos –
Elena está embarazada- La bulla de una cantina es siempre alta, gente riendo,
golpes en la mesa, incluso de vez en cuando vasos quebrándose, pero en ese
instante todo se silenció para mí, esto estaba más interesante de lo que
esperaba – Felicidades – Respondió por lo bajo y bebió lo que quedaba del vaso
y el nuevo que le había servido – No podemos seguir con esto…- No lo dejó
terminar interrumpiéndolo con un gesto de la mano – No digas nada más – la
tristeza en los ojos de ese chico era tan obvia que cualquiera que lo viera
podía pensar que alguien había muerto para él. De pronto intentó tocar el brazo
pero, lo quitó de manera brusca – No me toques, no necesito esto- Valenzuela
intentó levantarse pero se tambaleó quedando sentado de nuevo – No seas
testarudo, esta es nuestra despedida. ¿De verdad quieres que sea así?- Le
estaba rogando con los ojos, le suplicaba que se sentara, que se quedara con él
– Bernal, acabas de decir que…acabas de…- El chico comenzó a palmear el hombro
de su amigo mientras hablaba – Es lo que deberíamos hacer, ¿no? Cuanto tiempo
llevamos con esto, desde los 13 y ya tenemos 21 años. – Una sonrisa leve, de
añoranza de tiempos mejores se dibujó en su labio.
-Cantinero, otra cerveza- Me
llamaban del extremo opuesto de la barra por lo que tuve que ausentarme de lo
que fuera que estaba pasando ahí. A lo lejos veía como ambos volvían a reír y tras
una breve pausa Bernal ayudaba a Valenzuela a pararse para que no volviera a
trastabillar. Salieron como cada jueves, uno apoyado en el otro, ebrios de algo
más que alcohol.
Continuará...
viernes, 8 de enero de 2021
Día 8: Lucha de clases
Por Cosima Laurens
Estaban molestos. Los comerciantes del puerto rumoreaban frenéticos los dichos de alguien a quién él no conocía. Manuel Infante. El seudónimo de un personaje de quién nunca había escuchado. No mires. No hables. No escuches. Pero era inevitable oír, cuando la palabra libertad se escupía con la ligereza de algo que no significa nada. Tal vez no signifique nada para alguien que nunca la ha perdido, pensó. Libertad, lo único que se le había enseñado, ni siquiera pensar. Pero su boca infantil sonrió.
¿Cómo habían dicho los hombres? ¿Libertad de vientre? Los rumores que él nunca oyó, decían que se proclamaba desde hace años, decenas, de cuando el país era tan joven cómo él. Libertad, Manuel de Salas, Santiaguinos, Miguel Infante. La historia revoloteaba en las palabras que se escurrían en gruesas manchas rojas sobre la espalda de los suyos. Palabras, se dijo, palabras que nunca escuché, nombres que nunca conocí. Pero estaban ahí. Algo, una presión indescifrable le revolvió el estómago, una presión que amenazaba con salir a través de palabras negras, rojas, muertas.
Pero él no habló, no miró, y fingió que no oía. Recibió el encargo sumiso y corrió. Su amo esperaba esos repuestos con urgencia. La gravilla de las calles tierrosas levantaron polvo mientras corría, no importaba, correr era lo más cercano a huir que conocía. Huir.
La llegada ruidosa del tren en estación Bellavista le indicó las 12, era tarde y el taller estaba demasiado lejos. Solo por eso estoy corriendo, se convenció. Y avanzó sintiendo el viento salado del puerto en su cara manchada de aceite, con su boca gruesa dibujando una sonrisa difusa. Se detuvo cuando el taller se acercaba. Apretó la bolsa entre sus brazos con fuerza y entró con lentitud. El resto de los niños que pulían con ahínco los cascos metálicos no alzaron la vista para verlo. Niños, todos como él y diferentes. Niños como él, provenientes desde más allá del océano, y niños con sangre de la tierra, que susurraban una lengua extraña por las noches, y adoraban a sus dioses al amanecer. Él no sabía, nunca vio, fingió que no oía. A lo lejos, su amo observaba los planos del próximo experimento.
Sus pasos ensayados dejaron los repuestos que traía junto con el resto de la mercancía nueva y desvío la vista a los papeles, hacia la estructura alargada sobre la mesa. Él sabía lo que era, los barcos no eran suficientes para mantener seguro Valparaíso, no con las repercusiones de la última guerra contra Nueva España. Su amo trabajaba en algo que podría hundirse bajo las mareas y volar por sobre las nubes. Volar, pensó, quizá él podría unirse al ejercito un día, y ser como el resto de los libertos de la guerra de la Independencia. Son cuentos, se dijo. Hace tanto ya de eso, son un mito, personajes pertenecientes a un susurro nocturno. Ser libre. Poder un día montar sobre las naves de su amo, y convertirse en el capitán de alguno de los vapores del Puerto que ayudó a construir. Libertad. Libertad de vientre. Las palabras y los personajes daban vueltas en su mente, desordenando sus ideas. Tomó las llaves, tuercas y piezas de cobre que se encontraban en el piso, para realizar las labores que se le habían asignado. Ocho años son más que suficiente, se dijo, más que suficiente para unirse a un navío, solo tenía que esperar. Podía sentirlo, un día, un día podría hacerse un nombre más allá del océano.
jueves, 7 de enero de 2021
Día 7: Motemei
- ¿Cómo que esto no ha terminado?
- La voz temblorosa delató el temor de la señorita Agatha – El capitán me pidió
que viniera a ver como se encontraban ya que estamos a mitad de una gran
tormenta y como esta era su primera vez en esta situación pensó que les podía
ser de ayuda – El joven venía con la frente perlada en sudor, sus manos estaban
ennegrecidas con el carbón, de seguro trabajaba en las calderas – Las manos
sucias pero la conciencia tranquila, señorita – Me dijo en tono alegre cuando
notó mi mirada en sus manos- Les recomiendo que guarden todas las cosas que se
puedan caer, sobre todo de su tocador – Dijo apuntando los cachivaches de la
señorita - ¿Necesitan ayuda?- Antes que pudiéramos responder, Agatha corrió al
baño en donde la escuchamos vomitar. El muchacho se iba a acercar, pero lo detuve,
supuse que la señorita Martínez no querría que la vieran así - ¿Cómo se llama?
- Me dijo en un susurro, como si fuera un secreto que me estaba preguntando su
nombre, sin saber porqué le contesté en el mismo tono – Señorita Agatha, se que
no puede hablar ahora pero escúcheme. De seguro por su casa pasa el Motemei,
¿no? -De pronto sentí que me miraba a mí buscando una respuesta a lo que asentí
con la cabeza sin emitir ningún sonido, no sabía a donde nos estaba llevando
esta conversación y me sentía incómoda con la presencia del chico – Quiero que
piense en el mote, en el calientito mote recién hecho que trae el motemei,
quiero que se concentre en eso- Los sonidos del baño comenzaron a amainar y una
sonrisa de satisfacción se asomó en la cara del muchacho- Eso, siga pensando en
eso- Tomándome del brazo me llevó a un rincón y se me acercó haciendo que
retrocediera incómoda – Tranquila, cuando salga del baño acuéstela y deje que
una de sus piernas quede colgando de la cama. Moje una toalla de manos, si no tiene
un guante funcionará de igual manera y colóquelo en su frente tapando sus ojos,
eso funcionará- Antes de salir de la habitación me guiño el ojo. En un par de
minutos la señorita salió y seguí los pasos dictados al pie de la letra, en un
par de minutos ella ya dormía.
Esa noche soñé con la casa, con
los gritos del Motemei y la quietud de tierra firme.
Continuará
miércoles, 6 de enero de 2021
Cooperaciones
Un seguidor de nuestra comunidad, Mr Javieru, quiso aportar en el área de la fotografía su propia visión de este desafío de #Enerpunk y nos ha enviado el siguiente aporte para compartir con todes ustedes.
Día 1: Oxidado
Día 6: Prótesis
Por Sina de la Fiol
EL movimiento del barco era cada
vez más fuerte. Afuera, un rugido constante y el sonido de las olas chocando
contra nosotros adornaba la velada. No podíamos avanzar mucho con la señorita
Martínez puesto que en cuanto lográbamos ordenar las pequeñas piezas sobre la
mesa, el movimiento de la tormenta nos hacía tirar todo. La quinta vez en la
que recogimos los implementos la señorita suspiró. -Estamos encerradas acá,
deberíamos avanzar en la prótesis nueva, dije que podía tenerla lista en 20 días
y ya perdí una semana sintiéndome mal, mostrando la debilidad de la mujer que
todos dijeron que tendría- Su mirada estaba perdida en el suelo mientras su voz
se iba achicando cada vez más. -Usted no mostró debilidad, simplemente su
cuerpo se tomó un poco más de tiempo en acostumbrarse al movimiento bajo sus
pies, no fue algo referente a ser un humano femenino o masculino, mire que yo
que estuve de siempre en cubierta vi a mas de uno de los marineros vomitando
por la borda, deshaciéndose de todo incluso su dignidad- una risita se arrancó
de sus labios. -Bien, enfoquémonos en lo que podemos hacer en vez de
lamentarnos por lo que no. – Sus manos ágiles comenzaron a guardar las diversas
piezas que estaban en la mesa mientras yo recogía lo del suelo. - ¿Por qué se
interesó en trabajar en esto? – Agatha se sentó en su cama y con su mano me
invitó a acompañarla a su lado – Mucho antes de que llegaras, cuando era
pequeña mi mamá tuvo un robusto varón llamado Alexander, éramos inseparables y
la vida parecía ser perfecta hasta que ya no lo fue. Estábamos jugando a las
escondidas y él pensó que sería buena idea esconderse en los establos. Un
caballo le partió la pierna en tantas partes que no pudieron salvarla. Pronto
inició su tratamiento con protopiernas y el doctor que lo trataba me dejaba
asistirlo. Ahí me enamoré de la traumatología, de los huesos y de cómo
funcionaban. Gracias a ese doctor mi hermano ahora está estudiando en Europa –
a pesar de llevar un par de años en la familia nunca nos habían hablado de
Alexander y como no era bien visto hacer preguntas – Gracias por contarme- Dije
al fin mientras el sonido de la tormenta se iba alejando de nosotros, o al
menos eso parecía.
Día 5: Bronce
Por Sina de la Fiol
Finalmente tras una semana la
señorita Martínez pudo acompañarnos en cubierta, a pesar de que intentaba
aparentar que todo estaba bien, su tono pálido delataba que aún estaba en
proceso de aclimatación al vaivén del barco. A pesar de todo había salido de su
camarote y caminaba en compañía de Elisa en lo que se veía una animada
conversación. Me acerqué a ambas y las saludé.
-Capitán, que bueno verlo,
lamento haberlo hecho esperar, ¿cómo se ha portado el cacharro?- Su mano ligera
apuntaba mi pierna. – Con el aceite que me dio ha estado un poco más suave,
incluso le dio un brillo como bronce al metal – La mueca que hizo me dio a
entender que algo no estaba bien. – Eso significa que debemos cambiarla lo
antes posible, el metal que le pusieron es de peor calidad de la que anticipe,
que se esté abrillantando es muestra de ello. Elisa, creo que ha sido
suficiente de este paseo, debemos poner manos a la obra- La chica le sonrió y
pronto ambas se fueron en dirección a los camarotes y me hallé solo. Sentí el
cosquilleo, como cuando se duerme una extremidad y mi mano de manera instintiva
se fue a donde debería estar mi rodilla, sintiendo cada engrane, cada válvula
que permitía mi andar. Nuevamente maldije mi amputación, maldije el día en que
había perdido mi pierna. Sin darme cuenta me había acercado al borde y mis
puños golpearon la baranda que nos mantenía a todos contenidos dentro de la
nave.
- Capitán, creo que debería ver
esto- Herrera se veía preocupado, comencé mi apresurada marcha para seguirlo – Si
los cálculos son correctos, una tormenta se acerca, es mejor estar preparados y
comenzar los protocolos necesarios…- Su voz dejó de resonar a mi alrededor, mis
pensamientos lo habían silenciado…Justo ahora que Agatha había salido iba a
tener que encerrarse de nuevo.
Continuará








